Capítulo 129 de 131
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Interpretación general
Si la tumba resulta dañada debido a la agresión del fuego 🔥 del horno del crematorio, se debe invitar a un sacerdote taoísta para realizar una ceremonia al dios del fuego y un ritual de fuego para apaciguar la energía. Si es causado por entierros furtivos o movimientos de tierra que perturban el pulso terrestre, se necesita ofrecer un altar y rendir culto al dios de la tierra para buscar estabilidad. En caso de que la tumba esté inquieta por sobresaltos externos, un sacerdote taoísta puede realizar una ceremonia para calmar el alma y estabilizar el espíritu. Si hay raíces de bambú o árboles 🌱 o rocas ⛰️ cerca de la tumba que dañan la energía terrestre, se debe cavar un agujero de tres pies de profundidad junto a la tumba para inspeccionar, retirar suavemente las raíces, bambú, árboles y rocas, y luego invitar a un sacerdote taoísta a realizar un ritual de estabilización de la tumba para resolver el problema.
Si hay hormigueros o nidos de serpientes que invaden, se pueden plantar múltiples árboles de melia para ahuyentarlos. No se debe hacer caso a quienes sugieren quemar los nidos con fuego ❌, ya que dañar a los seres vivos atraería la mala suerte. He visto personalmente a dos familias que, tras quemar nidos de serpientes, vieron declinar la fortuna de sus descendientes. Si el agua estancada 🌊 inunda la tumba, primero se debe intentar drenarla o desviarla. Si el terreno es bajo y no se puede solucionar de raíz, es necesario trasladar la tumba a otro lugar auspicioso. Si el viento terrestre desvía el ataúd, se debe cavar un hoyo de dos a tres pies de profundidad para inspeccionar. Si se confirma que el ataúd está desplazado, se debe reposicionar correctamente e invitar a un sacerdote taoísta a realizar un ritual para estabilizar la energía terrestre.
Los antiguos creían que existe una conexión energética entre la tumba y la fortuna de los descendientes, por lo que se deben abordar las interferencias naturales mediante armonía adaptativa en lugar de confrontación violenta, reflejando una visión ecológica de "correspondencia entre el cielo y el ser humano" y un respeto por la causalidad.
La advertencia "dañar la vida trae decadencia" nos recuerda que los humanos debemos respetar la naturaleza, y se alinea con la sabiduría profunda de la ecología ética moderna: "simbiótica en lugar de dominante".